La muerte de nuestra estrella

Y así será el fin de nuestro mundo. De las grandes y pequeñas cosas, de todo bien y mal. La muerte de nuestra estrella:

(…) Primera certeza: llegará un día, dentro de más de 5.000 millones de años, en que las reservas de hidrógeno del Sol se agotarán. Por primera vez después de 10.000 a 12.000 mil millones de años, el termostato dejará de funcionar. La fusión de los núcleos de hidrógeno en el corazón de la estrella llegará a su fin. Sólo quedarán flotando los numerosos desechos de la corteza. Las reacciones nucleares se detendrán. El antiguo corazón de hidrógeno será sustituido por un corazón de helio, más pesado pero que no puede “encenderse” por si mismo. Además, los núcleos de helio, más cargados eléctricamente que los de hidrógeno, se repelen más violentamente. Para que se inicie la fusión del helio son necesarios, pues, choques más violentos; es decir, se necesita una agitación térmica mayor, una temperatura más alta que los 15 millones de grados alcanzados.

¿Qué ocurrirá entonces? ¿Morirá nuestra estrella por inanición? No, porque la gravitación seguirá incordiando. La estrella, en su nueva condición, comenzará a contraerse. Y su densidad, su temperatura y su presión volverán a aumentar. El hidrógeno residual de la cubierta volverá a arder cuando la temperatura se eleve suficientemente, y la estrella se dilatará exteriormente. Mientras, el corazón de helio proseguirá su contracción. Ambos procesos coexistirán inevitablemente durante centenares de millones de años. La cubierta no parará de extenderse y engullirá en primer lugar a Mercurio, el más próximo de los planetas, que se vaporizará. Luego desaparecerá Venus, nuestro planeta hermano. Por entonces, nuestros hielos se habrán fundido, los océanos se habrán evaporado, la atmósfera ya no existirá… La Tierra será calcinada. Mientras, la radiación solar seguirá escapándose de la inmensa cubierta que se sigue enfriando conforme la estrella crece. Globalmente, para el resto del cosmos nuestro Sol no habrá perdido nada de su bella luminosidad, porque su “piel” habrá alcanzado un tamaño gigante. Pero, como un signo irreversible de su transformación, la bella estrella amarilla habrá ido virando de color hacia el rojo. Las capas exteriores, más frías que anteriormente, irradiarán en esa longitud de onda. El Sol se habrá convertido en una gigante roja.

Después de un millón de años, el corazón de la estrella, que no habrá dejado de contraerse sobre sí mismo, acabará por alcanzar la fatídica temperatura de 100 a 200 millones de grados. Con un flash, los núcleos de helio comenzarán a fusionarse. De tres en tres, se irán uniendo para producir núcleos de carbono. Luego nacerán el nitrógeno y el oxígeno. En la infernal miniestrella que se esconde en el corazón de la gigante roja, el horno de helio desborda de potencia, en una fusión que libera menos energía que la del hidrógeno y que, por tanto, engulle mucho más rápidamente las reservas. Y así, sólo unos centenares de millones de años después, el helio también se habrá acabado.

Y vuelta a empezar. En el corazón de la estrella sólo quedarán las cenizas, o sea carbono, nitrógeno, oxígeno. A la temperatura ambiente no pueden fusionarse a su vez; mientras, en la periferia continúan flotando los núcleos de helio que no pudieron fusionarse. Y la gravitación volverá a tomar la iniciativa. Nueva contracción del corazón de la estrella, con lo que la cubierta de helio comienza a fusionarse, al igual que los restos de hidrógeno circundante. Todo ese gas ardiente se dilatará e irá agotando poco a poco, en algunas decenas de millones de años, el combustible disponible. La gigante roja apenas habrá durado un par de millones de años. Pero, “en ese agotamiento parsimonioso”, explica Jean Pierre Luminet en su libro Los agujeros negros, “el flujo de energía no puede soportar el peso de las capas más que intermitentemente; y la estrella agoniza, desestabilizada, entre pulsaciones”. Ningún parecido ya entre esa estrella agitada por enormes espasmos que van expulsando sus gases en oleadas, y nuestro buen Sol actual, pleno de regularidad.

Un extracto de Supernova, un libro de Dominique Leglu

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Voyager 2: 20 años del vuelo sobre Neptuno

Cuando se cumplen 20 años del acercamiento de la sonda Voyager a Neptuno, la NASA publica un nuevo vídeo con imágenes tomadas por la sonda a luna Tritón. Tritón fue el último objeto sólido visitado por la sonda Voyager 2 en su viaje a los límites de nuestro sistema solar. Es la luna más grande de Neptuno con un diámetro medio de 2.700 km, y es uno de los objetos más fríos del sistema solar, con una temperatura de superficie de unos -235º celsius. Su descubridor fue William Lassell, un astrónomo británico del siglo XIX:

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